La democracia no puede entenderse como un sistema político completo mientras persistan desigualdades estructurales que excluyen a una parte significativa de la población del acceso real a los derechos, a las oportunidades y a los espacios de toma de decisiones. En el contexto mexicano, la igualdad sustantiva emerge como un principio esencial para consolidar una democracia inclusiva, legítima y representativa.
La lucha por la equidad de género en los partidos políticos mexicanos constituye una de las batallas más importantes dentro del proceso de democratización del país. Estos institutos, fundamentales en el diseño y funcionamiento del sistema político, no solo tienen el poder de definir las reglas del juego electoral, sino también de decidir quién accede a los espacios de representación, qué voces son escuchadas y qué agendas se impulsan desde los espacios de poder.
La construcción de un liderazgo político inclusivo no es solo una tarea pendiente en las democracias contemporáneas, sino una condición estructural para su legitimidad, permanencia y efectividad. En el caso de México, avanzar hacia modelos de liderazgo que reconozcan y promuevan la diversidad, la equidad de género y la participación efectiva de las mujeres en el poder es indispensable para corregir siglos de exclusión y desigualdad.
El reconocimiento constitucional de la paridad de género en México ha sido una de las
transformaciones más importantes en la historia reciente de la democracia nacional.
La incorporación del principio de paridad en todos los niveles de gobierno ha permitido
que las mujeres alcancen niveles inéditos de representación política.
El liderazgo político con perspectiva de género representa una condición esencial para
la transformación democrática de las sociedades. No se trata solamente de
incrementar la representación de mujeres en los espacios de poder, sino de modificar
profundamente las estructuras, valores y prácticas que históricamente han
reproducido la desigualdad y la exclusión.
La historia de los movimientos sociales en México no puede entenderse sin la
participación decidida, organizada y constante de las mujeres. Desde las luchas
campesinas y obreras del siglo XX hasta las movilizaciones feministas
contemporáneas, las mujeres han sido protagonistas fundamentales en la
transformación del tejido político y social del país.